Hace ya siete días que empezamos el tratamiento en el Senado de una rendición de cuentas que sabemos no tendrá los votos de blancos y colorados. Apenas presentada en Diputados, ellos la rechazaron firmemente, sin debatir ni analizar todo su contenido. Tomada esa decisión, usaron el tiempo de las comparecencias de los Ministerios y organismos públicos para darse a la queja, la crítica y los lamentos y reclamaciones más variadas.
Nuestro gobierno no puede seguir perdiendo el tiempo dedicándose a conseguir la buena voluntad de la oposición; tiene que seguir, tiene que gobernar. Se obtuvo los dos votos de Cabildo Abierto, que permitieron salir adelante. Hoy, que la Rendición de Cuentas está en Senado, donde el FA tiene la mayoría, blancos y colorados, librados a su inacción, participan de la discusión, apenas por rutina. A veces se enojan y se van (como ayer). Otras, critican y critican al gobierno en ejercicios circulares y carentes de sentido. Ya no se molestan en presentar aditivos ni sustitutivos. Ya no les importa nada cómo se reparten los dineros públicos, salvo para criticar, una y otra vez el gasto del Estado, las multas por velocidad, la plata para la educación, la salud o la pobreza.
En muchas delegaciones se observa la presencia de sus representantes, dado que detentan la participación en todos los organismos yi servicios descentralizados. Pero hasta en esa participación, han decidido abstenerse. Los integrantes de la oposición de estos organismos repiten la actitud de los liderazgos de una oposición sin rumbo y ni siquiera atinan a defender al organismo en el que están.
La oposición ha decidido aislarse, atrincherarse, condenarse a la inacción. ¡Qué error más enorme! Parece no darse cuenta que quien se aísla en política, pierde. Y quien renuncia a la acción política se vuelve irrelevante. La discusión presupuestal se vuelve estéril, y ellos lo saben. En esa estrategia inoperante, la rendición de cuentas, languidece. Un momento muy difícil para la democracia uruguaya cuyo viejo sistema de partidos ha decidido vaciarla desde dentro, implosionando todos su puentes, todos sus diálogos, toda su conectividad. Un acto de irresponsabilidad enorme, del que dará cuenta la historia.
El Frente Amplio sigue y sigue peleándola. Hoy, casi en soledad en el parlamento. Pero no está tan solo en el mundo ancho allí afuera. Aún lo acompañan decenas de organizaciones de hombres y mujeres que luchan por el pan y los derechos, cada día. No es poco.

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