Por qué votamos el Comisionado para la Infancia

El Senado de la República aprobó la creación de un Comisionado Parlamentario para las Infancias, una figura clave para velar por los derechos de los y las más vulnerables. Compartimos pasajes de la intervención de la senadora Constanza Moreira, quien analiza la respuesta histórica del Estado uruguayo ante la vulnerabilidad de niños y niñas, el impacto de la pobreza en las mujeres y la importancia de este nuevo comisionado.

Mientras votábamos en el Senado la creación del Comisionado para la Infancia, cuatro escuelas llenas de niños y niñas desfilaron por las barras. Los saludamos, pero me quedó una reflexión amarga: me daba cierta impresión que nos escucharan hablar solo de su pobreza, de su violencia y de las tragedias que los rodean, y no de sus virtudes o de sus tesoros.

Esa es, lamentablemente, la forma en que este país aborda los problemas: cuando tenemos el agua al cuello. Uruguay tiende a mirar la infancia solo cuando la pobreza infantil y la violencia nos rompen los ojos.

El síndrome del avestruz

Nuestra historia legislativa delata esta demora. Pasaron 70 años entre el Código del Niño de 1934 y el del 2004. Y cuando finalmente empezamos a modificar este último, lo primero que se nos ocurrió fue aumentar las penas para la minoridad infractora. Esa fue nuestra prioridad: protegernos de los «menores chorros» antes que pensar en la infancia vulnerable.

Uruguay padece el «síndrome del avestruz»: metemos la cabeza bajo tierra y solo reaccionamos cuando estamos muy mal. Vivimos en un «Estado chacra», lleno de compartimentos estancos y alambrados donde los ministerios no se hablan. La pobreza infantil es un problema complejo que requiere vivienda, salud, ingresos y educación; sin embargo, seguimos intentando resolver problemas nuevos con una institucionalidad vieja que ya no da más.

Tener un hijo no debería empobrecer

Desde 2016 la tasa de natalidad se desplomó. Y no es, como algunos sugieren, porque las mujeres sean «irresponsables». En Uruguay, como decía el sociólogo Carlos Figueira, tener un hijo empobrece.

El paisaje de la pobreza en nuestro país tiene rostro de mujer y de niño en barrios enlodazados. Son las mujeres las que se hacen cargo de la crianza ante una falta escandalosa de corresponsabilidad y deudores alimentarios que el sistema no logra disciplinar. La sociedad debe entender que los niños y niñas no son solo responsabilidad de las mujeres; son una responsabilidad social que debemos asumir colectivamente.

¿Para qué sirve un Comisionado?

La creación de esta figura, impulsada con una tozudez y paciencia admirable por la senadora Blanca Rodríguez, no es un órgano del Ejecutivo para ejecutar políticas, sino una herramienta para:

  1. Visibilizar: Poner luz sobre problemas que preferimos no ver (como ya lo hace el Comisionado de Cárceles con el hacinamiento).
  2. Inspeccionar y denunciar: Tener facultades para entrar en las instituciones y elevar denuncias penales si es necesario.
  3. Independencia: Actuar con celeridad y autonomía desde el Poder Legislativo.

Hoy tenemos cifras de internación de niños que son un escándalo (300 cada 100.000) y tiempos de institucionalización que promedian los siete años. Eso habla de nuestra indiferencia como sociedad gerontocrática. No es solo culpa del Estado; es una sociedad que debe interpelarse a sí misma.

Hacia un gran pacto nacional

Este Comisionado nace de una acumulación histórica de proyectos (desde el Frente Amplio en el 98 hasta propuestas del Partido Colorado). Aunque hoy no sea votado por la coalición de gobierno, confío en que se transformará en una política de Estado.

Me sumo a la propuesta de un Gran Pacto por la Infancia. Debemos lograr un acuerdo legislativo que ordene nuestras instituciones de contralor (el Comisionado de Cárceles, el de Infancia y la Institución Nacional de Derechos Humanos) para que funcionen con organicidad.

Uruguay reacciona tarde y ante la tragedia. Es hora de que dejemos de seguir migajas en el camino y empecemos a construir soluciones de fondo. Los niños y niñas que pasaron por el Senado ese día se merecen que dejemos de hablar de sus problemas y empecemos, finalmente, a proteger sus tesoros.

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