El pasado viernes se conmemoró un nuevo 1° de mayo, Día Internacional de las y los Trabajadores. Una vez más, el movimiento sindical uruguayo fue protagonista de una jornada cargada de lucha, emoción y esperanza, con actos realizados en todos los departamentos del país.
Lejos de ser un hecho aislado, el movimiento sindical en Uruguay tiene una trayectoria singular en la región. Con una de las tasas de sindicalización más altas de América Latina, ha logrado construir unidad en la diversidad, sostener su independencia y consolidarse como un actor central en la ampliación de derechos.
Desde las primeras conquistas sociales del siglo XX hasta las transformaciones más recientes, el movimiento sindical ha estado presente organizando, luchando y proponiendo alternativas para mejorar la vida de las y los trabajadores.
Esa independencia constituye una de sus principales fortalezas. Le ha permitido ser interlocutor crítico de todos los gobiernos, defender con firmeza los intereses de las y los trabajadores y, al mismo tiempo, contribuir a grandes acuerdos nacionales que hicieron de Uruguay un país con más derechos y mayor igualdad.
Un ejemplo reciente fue el proceso del Diálogo Social, en el que el PIT-CNT presentó propuestas concretas para avanzar hacia un sistema más justo y solidario, defendiendo mejores prestaciones, modificaciones en el financiamiento y el derecho a una jubilación digna.
Mujeres trabajadoras y perspectiva de género
Si hablamos de ampliación de derechos, resulta imprescindible destacar el papel de las mujeres trabajadoras. Muchas veces invisibilizadas, han sido protagonistas de las luchas sindicales y sociales, incorporando a la agenda pública no solo las reivindicaciones laborales clásicas, sino también las brechas de género, la sobrecarga de tareas de cuidados y las múltiples formas de discriminación presentes en el mundo del trabajo.
Gracias a esas luchas, hoy existe un consenso más amplio sobre la necesidad de incorporar una perspectiva de género de forma transversal en cualquier agenda de derechos. También se ha comprendido que las desigualdades laborales no afectan a todas las personas de la misma manera.
Los grandes desafíos planteados por el PIT-CNT
Este año, bajo la consigna “1º de mayo antiimperialista. Por trabajo y salario; el Uruguay es su gente”, el PIT-CNT volvió a colocar sobre la mesa algunos de los principales desafíos del presente.
Uno de ellos es la necesidad de construir una estrategia nacional de desarrollo. Porque no alcanza solamente con crecer: importa cómo se crece, para quiénes se crece y qué modelo productivo se impulsa. El trabajo de calidad, la innovación, la diversificación productiva y un sistema de cuidados fortalecido deben ocupar un lugar central en esa discusión.
Otro de los temas planteados fue la reducción de la jornada laboral sin rebaja salarial. Se trata de un debate profundamente contemporáneo: cómo distribuir el tiempo de trabajo en sociedades atravesadas por avances tecnológicos y aumentos de productividad que muchas veces no se traducen en una mejor calidad de vida para las mayorías. Trabajar menos para vivir mejor aparece así como una aspiración legítima y posible.
También se destacó la urgencia de combatir la pobreza infantil. Naturalizar que miles de niñas y niños crezcan en condiciones de pobreza implica comprometer el futuro del país.
En ese marco, se planteó la necesidad de discutir herramientas concretas, como la propuesta de gravar al 1% más rico de la población, impulsada inicialmente por el propio PIT-CNT. La iniciativa apunta a una lógica de justicia distributiva: que quienes más tienen puedan contribuir más al sostenimiento de una sociedad más equitativa.
A su vez, se señaló la importancia de enfrentar las nuevas formas de precarización laboral. Plataformas digitales, informalidad persistente y modalidades de empleo cada vez más inestables forman parte de un escenario que exige respuestas políticas y sindicales capaces de garantizar protección para todas y todos los trabajadores.
Un contexto internacional complejo
Los discursos del 1° de mayo también hicieron referencia al contexto internacional actual, marcado por tensiones geopolíticas, el avance de proyectos autoritarios y profundas desigualdades entre países.
En ese escenario, el internacionalismo continúa siendo una bandera histórica del movimiento de las y los trabajadores. La solidaridad entre los pueblos, la defensa de la soberanía y el rechazo a cualquier forma de injerencia o bloqueo forman parte de esa tradición.
En ese sentido, se señaló la necesidad de no ser indiferentes frente a sanciones que afectan a pueblos enteros, como sucede con Cuba, ni frente a políticas impulsadas desde los grandes centros de poder que profundizan las desigualdades a escala global.
Porque, en definitiva, la lucha por el trabajo digno también es una lucha global. Y porque no habrá igualdad real en nuestros países sin un orden internacional más justo.
Una interpelación al presente
El 1° de mayo no es solamente una fecha de conmemoración. Es también una interpelación política y social. Una instancia que recuerda las luchas del pasado, pero que obliga, sobre todo, a pensar hacia dónde va la sociedad.
En un contexto de incertidumbre global, transformaciones tecnológicas aceleradas y crecientes tensiones sociales, el papel del movimiento sindical continúa siendo clave. Y también lo es el compromiso de la política con la construcción de una sociedad más justa.
Que este nuevo 1° de mayo encuentre a la sociedad uruguaya a la altura de esa responsabilidad: construyendo más igualdad, más justicia social y más dignidad para todas y todos.
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