En la primera sesión del año, la senadora Constanza Moreira utilizó la media hora previa para reflexionar sobre cómo la violencia política busca disciplinar a las mujeres y deteriora la convivencia democrática en la era digital.
La violencia: un concepto en constante disputa
Moreira comenzó señalando que la violencia no es un término estático, sino que su definición muta según la sensibilidad social y los consensos democráticos. “Lo que ayer fue naturalizado, hoy nos resulta insoportable”, afirmó, destacando que este avance es fruto de las luchas feministas que permitieron sacar a la luz lo que antes permanecía oculto en la esfera privada.
Bajo la consigna “lo personal es político”, la senadora recordó que visibilizar la magnitud de la violencia contra las mujeres fue uno de los grandes méritos del feminismo del siglo XX para ampliar la democracia.
El “estilo” de la agresividad y el ataque a la capacidad
La intervención puso el foco en un fenómeno global y regional: el ascenso de discursos autoritarios donde el insulto sustituye al argumento. La legisladora frenteamplista advirtió que la agresividad ha dejado de ser una excepción para transformarse en un “estilo” que se festeja y se aplaude.
En el caso específico de las mujeres, la senadora denunció que la violencia busca socavar su legitimidad mediante estereotipos: “Los estudios de Naciones Unidas muestran los dos calificativos principales para denostar a una mujer: ‘burra’ es uno y ‘loca’ es el otro. Siempre somos sospechosas de no estar en nuestros cabales o de no tener capacidad suficiente”.
La política como “máquina de picar carne”
Citando informes que indican que el 80% de las mujeres en política en Uruguay han sufrido violencia, Moreira advirtió sobre las consecuencias pedagógicas negativas para las nuevas generaciones.
Si la política se percibe como una “máquina de picar carne”, el resultado es el alejamiento de las mujeres y de los jóvenes del espacio público. “Una mujer violentada tiende a aislarse, a callar su voz y a retirar su cuerpo”, sentenció, señalando que las mujeres repiten mucho menos en cargos políticos que los hombres debido a este hostigamiento.
Desafío digital y calidad democrática
La senadora hizo especial hincapié en la violencia digital, describiéndola como una agresión “permanente, anónima y potencialmente infinita” que trasciende lo individual para convertirse en un problema de derechos humanos. En este marco, saludó las iniciativas de Mónica Xavier, directora de Inmujeres, para impulsar una agenda que enfrente estos nuevos desafíos.
Moreira finalizó su intervención señalando: “Una democracia madura no es aquella donde las mujeres deben resistir la violencia para permanecer, sino aquella donde puedan ejercer plenamente su derecho a existir, a tener voz y a representar sus legítimos intereses”.
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